Curiosidades De La Historia Con El Ministerio Del Tiempo

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Libro: Curiosidades De La Historia Con El Ministerio Del Tiempo

¿Sabías que cuando llegaron los romanos a la Península se volvieron locos con una salsa española? ¿Que los nazis buscaron en España el Santo Grial como si de una película de Indiana Jones se tratara? ¿Que Felipe II, Bloody Mary o Isabel I estuvieron relacionados con la alquimia y la astrología? ¿Es cierta la fama de ninfómana de Isabel II? En este libro encontrarás anécdotas que explican la historia de España de forma amena y divertida. De la mano de El Ministerio del Tiempo, la exitosa serie de La 1 de TVE, descubrirás nuestro fascinante pasado desde una perspectiva diferente.

 

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‘El Ministerio del Tiempo’, una máquina de rescatar literatura

JAVIER BLÁNQUEZ Barcelona
16/04/2016 03:49

Multiversos, razas extraterrestres, guerra espacial, colonización de planetas, invisibilidad, miniaturización, inmortalidad, robots inteligentes: los temas de la ciencia-ficción son infinitos y apasionantes, pero desde que H. G. Wells escribiera su novela pionera, La máquina del tiempo (1895), ninguno ha habido más metafísicamente vertiginoso que el de los viajes al pasado y al futuro. El traslado en el tiempo -ver con los propios ojos lo que sucederá; cambiar o ser testigo directo de lo que ya pasó- es uno de los anhelos imposibles de la humanidad, y precisamente por eso ha sido una de las fantasías que ha dado pie a algunos de los mejores productos de ciencia-ficción en las últimas décadas: desde los años 50 del siglo pasado en adelante, se vuelve difícil enumerar exhaustivamente todas las obras de referencia que han encontrado nuevas maneras de tratar el escurridizo asunto del turismo temporal.

El Ministerio del Tiempo, la serie de Televisión Española creada por Pablo y Javier Olivares, debe buena parte de su éxito a esa premisa: más allá de lo bien construidos que están los personajes y el brillante hallazgo de situar su acción, simultáneamente, en todas las épocas históricas de España -con cameos de prohombres como el Cid, Lope de Vega o El Empecinado-, está ese infalible activador de la imaginación que es el hecho de que para trasladarse al siglo XVIII sólo sea necesario cruzar una puerta. En la ciencia-ficción, para saltar en el tiempo normalmente se requieren máquinas de tecnología hoy inalcanzable, consumos ingentes de energía, campos de fuerza, desintegración molecular, pero cuando Alonso, Amelia y Julián cruzan una puerta del tiempo, lo hacen como si fueran a la cafetería o al baño del Ministerio.

Dentro del género, El Ministerio del Tiempo es un producto original porque en los guiones hay un toque berlanguiano que jamás se le habría ocurrido a un novelista canadiense, por decir algo. Hay un costumbrismo típicamente español, en parte Larra -que es como se apellida Irene, el personaje que encarna Cayetana Guillén-Cuervo- y en parte Azcona, entre lo ácido/pesimista y lo irónico, que le sienta de maravilla a la serie. Pero, por lo demás, El Ministerio del Tiempo no es una idea original. No sólo porque de viajes en el tiempo está la fantasía llena, sino porque la idea de una policía del tiempo hace décadas que funciona. Valga decir que los tipos de intervenciones en el tiempo suelen ser dos -la correctora y la transformadora-, y que la más popular casi siempre ha sido la segunda: viajar para alterar algo que no gusta. En la literatura de anticipación -o aquí igual aquí deberíamos decir de regresión-, lo normal es ir atrás para impedir que se produzca un acontecimiento terrible: detener una guerra, una infección vírica, o la típica premisa de “volver a los años 30 y matar a Hitler”, que Stephen King, por ejemplo, ha utilizado con éxito en La zona muerta (1979), y que también es una idea central de la película experimental de Chris Marker, La jetée (1962), que más tarde inspiró Doce monos (1995), de Terry Gilliam.

Aún así, lo que no es tan habitual es volver en el tiempo para que el tiempo no cambie, que haya una policía del tiempo. Javier Olivares, el productor de la serie, desde el primer momento ha explicado -porque no podía ser de otra manera- que El Ministerio del Tiempo se basa en dos obras de ficción capitales: La patrulla del tiempo, de Poul Anderson -que no es una obra cerrada, sino una serie de relatos y novelas publicadas a lo largo de cuatro décadas, siempre con el mismo personaje protagonista-, y Las puertas de Anubis, de Tim Powers. En el caso de La patrulla del tiempo, los paralelismos son evidentes: en el primer texto que escribió Anderson, Patrulla del tiempo (1955), conocemos a Manse Everard, ingeniero mecánico licenciado del ejército, soltero, sin familia, sin ataduras, y contratado por una misteriosa agencia que tiene como misión el viajar en el tiempo para corregir distorsiones que puedan cambiar la historia tal como se ha desarrollado a lo largo de los siglos.

Prohibido cambiar la Historia

En El Ministerio del Tiempo de los hermanos Olivares sólo se recluta a funcionarios sin familia o sin esperanzas, gente que pueda dedicarse en exclusivo a las patrullas y sin nada que perder. Las similitudes entre ambas ideas no se acaban ahí: los agentes tienen prohibido cambiar la historia -ya en el primer relato de Anderson encontramos la subtrama del personaje que intenta salvar a su mujer, muerta en un bombardeo sobre Londres durante la Segunda Guerra Mundial-, aunque la jurisdicción es diferente: La Patrulla del Tiempo de Anderson se puede mover hacia el pasado remoto y el futuro, en cualquier parte del planeta. De hecho, el ministerio está localizado en una época posterior a la extinción de los dinosaurios, y el conocimiento de los viajes en el tiempo se produce en el año 19352 (“el año del Triunfo Moreniano […] en el periodo en que la Heresiarquía Corita estaba fragmentándose”).

El Ministerio del Tiempo, en cambio, sólo tiene puertas para viajar atrás (o hasta el presente), y nunca puede salir de territorio español.De La patrulla del tiempo, en castellano, existían textos sueltos y recopilaciones parciales, pero no se había publicado todavía una colección completa, con las nueve piezas en un solo volumen, que es lo que acaba de hacer Ediciones B en su colección Nova: una reunión cronológica de todo lo que escribió Poul Anderson entre 1955 y 1988, o sea, de los cuatro cuentos originales hasta la novela Los años del rescate. Se han quedado fuera The shield of time -una novela protagonizada por Manse Everard, pero que no pertenece a las historias de la Patrulla- y el cuento Death and the Knight, y aún así son más de 700 páginas de saltos en el tiempo, de viajes a la antigua Roma y a la Inglaterra medieval, con cameos tan interesantes, ya desde el primer texto, como el de de Sherlock Holmes.Para cualquier fan de El Ministerio del Tiempo, leer La patrulla del tiempo de Poul Anderson -o también Las puertas de Anubis, felizmente reeditada en castellano a lo largo de más de dos décadas, y que es la obra fundamental en el subgénero de las ucronías, o pasados alternativos, el clásico “what if…”- es como entrar en un remix de su serie favorita.

Todo es lo mismo, pero no es igual, como dirían Martes y Trece: hay unas normas, un código ético en el traslado al pasado, la voluntad de preservar la historia tal como ha sido. Aunque si se quiere prolongar la experiencia, el propio Ministerio del Tiempo ya está creando nuevos productos paralelos para ir saciando el mono entre la emisión de cada capítulo. En el prólogo de El tiempo es el que es-la primera novela oficial de El Ministerio, escrita por Anaïs Schaaff y Javier Pascual, cabezas principales del equipo de guionistas-, Javier Olivares admite que lo que más le sorprende del recorrido de la serie ha sido su transformación en proyecto transmedia, que existe en televisión, pero también en las redes sociales y ahora también en libro, y que con el tiempo también podría ser, quién sabe, un videojuego o un juego de rol.El tiempo es el que es (Plaza & Janés, 2016) desarrolla de manera narrativa lo que fue un guion descartado de la primera temporada -en el que conocemos al personaje legendario de Bernardo del Carpio, el caballero que supuestamente derrotó a Roldán tras la batalla de Roncesvalles-, y desarrollado con el equivalente a dos capítulos más, y que temporalmente se sitúa tras el último episodio emitido hasta el momento en televisión antes del parón de abril, Tiempo de valientes.

Así que, para quien no haya visto aún toda la segunda temporada, cuidado porque hay spoilers: reaparece Lola Mendieta, conoceremos más sobre el destino de la Amelia Folch del siglo XIX y el viaje temporal es más ambicioso y extenso que nunca, desde el siglo IX -después de que aparezca un misterioso número de teléfono anotado en el original del Beato de Liébana- hasta el año 1943, pasando por una visita a las posesiones del Imperio en ultramar, concretamente a Cartagena de Indias.

El Ministerio del Tiempo se ha convertido en una eficiente máquina de crear y rescatar ficción: su éxito ha provocado que Nova se moje y rescate todo el material disperso de Poul Anderson sobre La patrulla del tiempo en un volumen grueso y provechoso, la propia productora ya piensa en ir dando salida a sus propias novelas, y el círculo se cerraría si, como ocurre en otros países y con otros productos de culto que dinamizan un fandom entregado, se liberara parte del copyright para que fueran los propios consumidores y seguidores de El Ministerio los que crearan su propia fan-fiction en internet. El tiempo es el que es, y no se puede cambiar, pero la imaginación es infinita. Que fluya.

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Acerca de Diego Sobrino

Profesor de Geografía e Historia. Blogger. Didáctica de las Ciencias Sociales. TIC. Comunity Manager. Socialmedia. SEO. RRSS. Creador de http://clioenred.com @dsobrino @CLIOENRED
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